Padis+ responde al no del Vaticano

Publicada el 18 de Marzo del 2021

En enero pasado el papa Francisco a través de una modificación del Código de Derecho Canónico, autorizó la participación de mujeres en la lectura bíblica, el servicio del altar y la distribución de la comunión eucarística. Esto cambió lo establecido en 1972 por el papa Pablo VI quien había dispuesto que solo ministros varones podían ser lectores y acólitos.

Este lunes 15 de marzo otro hecho significativo fue comunicado por el Vaticano. Se trató de la respuesta a la consulta (Dubium) hecha a la Congregación de la Doctrina de la Fe (CDF), bajo el título ¿La Iglesia dispone del poder para impartir la bendición a uniones de personas del mismo sexo?

Sin ninguna novedad dogmática ni reflexión teológica diferente, la respuesta aclaratoria de la CDF repitió lo que la iglesia jerárquica ha sostenido con relación a la homosexualidad en el Catecismo y el documento “Carta Homosexualitatis. Problema sobre la atención pastoral a las personas homosexuales”.

¿Qué nos llama la atención de estos dos hechos, el “permiso” a las mujeres y la reiteración de la doctrina tradicional sobre la realidad LGBT+ del Vaticano?

Mientras muchas mujeres comprometidas con su fe colaboran hace bastante tiempo en diversas celebraciones eucarísticas y en distintas comunidades, aparece esta “autorización” oficial que -más que celebrarla-, sorprende por el notorio atraso con que llega. La vida eclesial de base lleva la delantera, más allá de cómo piensa o actúa la jerarquía.

Algo parecido ocurre con las bendiciones a parejas homosexuales. En distintos espacios comunitarios y países, muchas uniones han y siguen recibiendo una bendición particular, reconociendo así la presencia del amor y del proyecto de dos personas para caminar juntas, unidas, como testigos de fe en sus espacios comunitarios.

Estos hechos, y tantos más, dejan en evidencia el “cisma” entre la vida de muchos creyentes y sus realidades, y el lento avance en el reconocimiento de las nuevas realidades humanas que, con honestidad y amor, están presentes con el deseo de ser fieles al Evangelio de Jesucristo.

La reciente aclaración (o reiteración) de la CDF plantea varias preguntas que abren un tiempo de discusión, reflexión y propuestas en todas las comunidades eclesiales y pastorales.

Padis+ Roma

En primer lugar, ¿por qué la Jerarquía insiste en sus argumentos pese a los avances científicos y diversos estudios en relación con la diversidad sexual? Llama la atención que se siga hablando de un plan de Dios que deja fuera la homosexualidad, porque la Creación estaría basada en la relación de la pareja humana hombre-mujer, y con un fin únicamente reproductivo.

Con esta interpretación la CDF no se hace cargo de los afectos, del amor ni de la búsqueda sincera de Dios de las parejas del mismo sexo. Para esta Congregación estas realidades no existen, resultándole más fácil abordar la diversidad sexual oponiendo su ejercicio (pecado) con la persona homosexual, quien debiera “recibir atención especial” a causa de su “inclinación”.

Una segunda pregunta que surge: ¿En qué quedó el “Quién soy yo para juzgar” del papa Francisco? ¿Dirán algunos que se trató de palabras que solo buscaron reconocer al homosexual (que no ejerce su sexualidad, o sea, el no pecador)? O ¿fueron palabras que han permitido abrir caminos hacia una discusión más profunda en el seno de la Iglesia acerca de la diversidad sexual?

A estas alturas, la contradicción de Francisco expresada en su firma de la Dubium que aquí reflexionamos y su “Quién soy yo para juzgar”, pareciera frenar un cambio al interior de la Jerarquía.

Con la declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la cuestión de la aceptación de una diversidad sexual sigue entrampada en la esfera del poder, y lo que parece más desalentador, no se ve ánimo de integrar elementos nuevos o abrirse a lo que la ciencia, la psicología o la sociología están arrojando en sus estudios y descubrimientos.

Surge también una tercera pregunta: ¿la ideología conservadora vuelve a ganar “su batalla” de poder al interior de la Iglesia?

Con esta Dubium da la impresión de que sí.

Hoy muchos confunden la discusión ideológica política con la buena noticia del Evangelio, dando la impresión de estar convencidos de que los pasos hacia el reconocimiento de las parejas del mismo sexo, sería “dar razones a ideologías de izquierda” o a “nuevas modas” que traen la modernidad o las culturas poco religiosas.

Esta confusión provocada por exceso ideológico de quienes se dan el trabajo de responder sobre la bendición a las parejas homosexuales les impide abrir sus ojos al menoscabo personal que sus palabras e interpretaciones -ya superadas en otros ámbitos-, provoca en la vida de tantas mujeres y hombres LGTB+ cristianos. No consideran el daño a su autoestima, su sano amor propio, a su proyecto de vida auténtico basado en el amor entre personas de igual orientación sexual.

Aquellos “centinelas” de una doctrina incompleta y que falta al respeto de la dignidad del ser humano LGBT+, empuja a no pocos a perderse en el camino de la fe, convencidos de que Dios no tiene un plan para ellos; a cuestionarse su proyecto personal que combine fe-sexualidad activa, o incluso, los empuja a dar la espalda a la Iglesia, rebelarse u omitirse.

Pero no todo está perdido. Afortunadamente aunque esta jerarquía no lo quiera, el reconocimiento de la realidad de la diversidad sexual se extiende en la sociedad y en muchos espacios eclesiales.

la buena noticia de Padis+

Muchas y muchos laicos, religiosos, religiosas, sacerdotes, obispos de distintos países están pidiendo abrir la discusión. Están convencidos de que lo expuesto en los documentos eclesiales sobre diversidad sexual está superado; saben que el verdadero plan de Dios tiene también un lugar para la realidad LGBT+ y la forma de vivir que desean compartir. Muchas comunidades hablan de bendecir estas uniones y saben que, finalmente, si no se atiende esta realidad con honestidad y claridad, la Iglesia seguirá encogiéndose porque el “rebaño” está dejando de oír a sus pastores.

A los fieles católicos, hijas e hijos LGTB+ y sus papás y mamás les decimos desde la Padis+:

No se desilusionen, no se sientan abatidos ni menospreciados. La respuesta que no reconoce las bendiciones de las parejas homosexuales es un signo desesperado de quienes desean hacer prevalecer aquella iglesia incapaz de dialogar con otras realidades.

La voz dogmática que no conversa con la realidad se va quedando en reglas imposibles y sin sentido, en una voz que no ha sabido responder a la realidad humana que hoy grita ser respetada y reconocida.

La Padis+ y así como tantos espacios pastorales católicos, deseamos ser una luz que alumbra en este camino; un pequeño faro que atestigua que en el plan de Dios también es posible el amor entre las personas del mismo sexo, realidad que merece una especial bendición.

Pastoral de la Diversidad Sexual, Padis+