Papa Francisco y el reconocimiento civil de las uniones LGBT+

Publicada el 23 de Octubre del 2020

¿Quién soy yo para juzgar? Es la frase dicha por Francisco que aún resuena en muchos, como una especie de acto simbólico y esperanza para nuestro mundo de la diversidad sexual. Pero, desde aquella frase hasta hoy ha pasado mucha agua bajo el puente.

La postura del Papa frente a la diversidad sexual ha estado cubierta de caridad, de acogida y de respeto. De ahí que en 2016 dijera que la Iglesia debía una disculpa por el trato hacia los homosexuales; que recibiera en 2015 en el Vaticano a una pareja gay; o quelas palabras que recibiera Juan Carlos Cruz ­­-denunciante en el caso Karadima-, del Papa a propósito de su orientación sexual fueran: “Es Dios quien te hizo Gay, y te ama”.

Lo que ha hecho Francisco desde el inicio de su pontificado, es abrir una puerta al mundo LGTB+ solicitando respeto, dignidad, ser reconocidos como hijos e hijas de Dios. Es decir, ha llevado a la práctica en gestos y palabras aquello de acoger con respeto, compasión y delicadeza a los hombres y mujeres que presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas (cf. Catecismo 2358).

Hasta aquí la diferencia fundamental del actual Papa es llevar a la práctica la acogida, y que en pontificados anteriores -particularmente en el de Juan Pablo II y de Benedicto XVI-, quedaron reducidos a “documentos pastorales” que afirman y reafirman la doctrina sobre la realidad de la diversidad sexual. Francisco, en cambio, intenta comprender la diversidad desde el Evangelio.

Visibilizar la existencia de la realidad sexualmente diversa por parte de Francisco vendría de antes, cuando fue arzobispo de Buenos Aires. Según el biógrafo Sergio Rubin, Bergoglio habría promovido la postura de reconocer la unión civil para enfrentar la discusión en Argentina del establecimiento del matrimonio igualitario. Así, se aseguraría que las parejas del mismo sexo tuvieran la posibilidad de acceder a beneficios sociales y herencia. Pero su punto perdió, la Conferencia Episcopal del país trasandino se mostró resistente ante cualquier reconocimiento. Y la sociedad civil ganó el matrimonio igualitario.

Queda claro que el actual Pontífice ha estado por el reconocimiento de ciertos derechos que emerjan de la unión de las personas de la diversidad, pero, en ningún caso, ha promovido el matrimonio para las personas LGTB+.

En estos días, los medios de comunicación han estallado con la noticia de que el Papa reconoce en el documental “Francesco” -realizado por Evgeny Afineevsky-, la necesidad de la unión civil para las parejas del mismo sexo.

La frase exacta de Francisco dice: “Las personas homosexuales tienen derecho a estar en familia, son hijos de Dios, tienen derecho a una familia. No se puede echar de la familia a nadie, ni hacer la vida imposible por eso. Lo que tenemos que hacer es una ley de convivencia civil. Tienen derecho a estar cubiertos legalmente”.

Es decir, nada nuevo bajo el sol.


Desde que asumió su cargo, Francisco ha reiterado la doctrina tradicional sobre la realidad Homosexual. En el libro-entrevista “Papa Francisco. Política y Sociedad” de Dominique Wolton, Bergoglio da señales de ello. Por ejemplo, cuando afirma que “el matrimonio es la unión de un hombre con una mujer. Ese es el término preciso. Llamemos a las uniones del mismo sexo ‘unión civil’”.

O cuando se dirigió a la Asamblea General de los Miembros de la Pontifica Academia para la Vida señaló que “La manipulación biológica y psíquica de la diferencia sexual, que la tecnología biomédica deja entrever como plenamente disponible para la elección de la libertad —¡mientras no lo es! — corre el riesgo de desmantelar así la fuente de energía que nutre la alianza del hombre y la mujer y la hace creativa y fecunda.”

El Papa ha caído igualmente en la trampa de fomentar la existencia de una supuesta “ideología de género”, concepción que mete dentro de una misma bolsa significaciones y realidades distintas de la sexualidad humana, explicadas por los avances desde la psicología y la antropología.

¿Por qué tanto ruido por lo dicho por el Papa?


Él sigue creyendo en la necesidad de reconocer en el ámbito civil derechos que permitan ciertas garantías que reconozcan un tipo de convivencia.

Pero Francisco no ha movido ningún ápice de la doctrina tradicional; no lo ha hecho en este documental, ni tampoco, en algún documento en que proponga el inicio de un camino serio y profundo de una discusión teológica y antropológica que dé sentido a la existencia de la diversidad sexual.

Quizás el matiz más optimista es que Bergoglio señala en su frase del documental el derecho de las personas homosexuales a estar en familia.

Aquí entramos en el a veces fecundo y a veces tortuoso camino de las interpretaciones. Si para Francisco es importante el derecho de la diversidad a estar en familia: ¿podría explicar qué familia se está imaginando? ¿Alguna categoría especial o cualquiera sin distinción?

¿O derechamente está proponiendo que podamos comenzar a discutir esta dimensión de la realidad humana más allá de los gestos de caridad?

El paso que da el Papa con esta brevísima e incompleta declaración deja muchas preguntas. La sociedad en muchos países ya está reconociendo las uniones de personas del mismo sexo a través del matrimonio civil o de uniones civiles como el caso de Chile.

Pero, en nuestra Iglesia Católica, aún esperamos una discusión de fondo que desarrolle el sentido que envuelve a la realidad de la diversidad sexual, que supere lo escrito en el Catecismo y otros documentos oficiales.

¿Quiere que hablemos de familia? Acá estamos, diponibles para que nos conozcan, para que conversemos, para que creemos instancias en común, esperando el diálogo.

Por cierto, gracias por reconocer nuestros derechos en el ámbito civil. Pero de lo que ahora se trata es de reconocernos íntegramente como hijas e hijos de Dios.

Pastoral de la Diversidad Sexual, Padis+