El Día del gran silencio

Publicada el 11 de Abril del 2020

Sábado Santo: El día del  Gran Silencio

(Lee Mt 27, 57-61)

Una pesada roca sella el silencio de la tumba de Jesús. Dura y fría como la cruz. Pesada como el pecado de la humanidad. Pesada como la pena de sus amigos. Para que esa tumba permanezca bien cerrada y no escape el olor a muerte. Para que quien allí yace siga muerto. Para ahogar todo movimiento y sonido. Toda brizna de luz y de vida. Para irradiar sólo silencio, y aniquilación, y tristeza infinita.

Un gran silencio se difunde desde la tumba de Jesús, por toda la tierra, cada sábado santo. Es el silencio de la Madre que guarda todo en su corazón, desde el anuncio del ángel, decenios atrás, hasta la dolorosa cruz de la víspera, y se aferra a la última gota de su esperanza. Es el silencio culpable de Judas, el silencio cobarde de los discípulos escondidos, el silencio inconsolable de los bienaventurados.

Es el silencio de un dolor inefable: el de la humanidad, el de toda la historia. El de la sangre de Abel, recién asesinado por su hermano. El de Israel esclavizado en Egipto. El de los profetas acallados. El del hombre malherido, botado al margen del camino. El de la viuda de Naín por su único hijo muerto. El de los diez leprosos, del ciego de nacimiento, del paralítico de la piscina de Siloé, de la hemorroísa y de la mujer que, callada, vierte perfume sobre los pies de Jesús y los seca con su cabellera.

Es el silencio de la mañana siguiente de los campos de batalla. El de los moribundos en el umbral de la muerte. El de los violentamente abortados del vientre materno. El de la fila de cesantes y el de las largas horas en busca de trabajo. El del fin de mes (otro y otro…) en que no alcanza para parar la olla, para los remedios y para la dignidad. El de los millones de niños laboralmente explotados. El de las víctimas de violencia y abuso sexual. El del hijo de la prostituta cuando le preguntan por su padre. El de todo sufrimiento inocente e injusto, fruto del pecado.

Es el silencio de la discriminación sexual y de la homofobia; el de la joven lesbiana echada de su casa, del adolescente gay humillado por su padre, del trabajador despedido por su condición sexual; el del cuerpo torturado de Daniel Zamudio, tirado en el Parque San Borja. El oscuro silencio de quien ha vivido ocultando su diversidad sexual: negándola, cuestionándola, camuflándola; culpabilizándose, reprimiéndose, odiándose… Silencio de caricias autocensuradas, de ternura reprimida, de amor sepultado. Silencio, a veces, de años, decenios y vidas enteras.

El gran silencio de la tumba de Jesús guarda en su interior todo el dolor de la tierra, todo el sufrimiento de la historia, como una custodia engastando el Cuerpo de Cristo, Pan partido en la cruz para la vida de la humanidad.

El del sábado santo no es silencio de aniquilación: es silencio de semilla. Simiente que prepara, callada e inexorable, su despertar, en la oscuridad de la esperanza. Estallará al tercer día. Saltará la roca y entrará la luz.

Para la reflexión personal:

1)Recorre con el pensamiento el sufrimiento actual del mundo, de Chile, sobre todo el causado por nuestro pecado. Haz desfilar por tu mente situaciones, acontecimientos, pueblos y personas sufrientes.

2)Recorre tus propios dolores, sin victimizarte, sin evitarlos, sino asumiéndolos como parte de la trama de tu vida. Identifícalos, ponles nombre.

3)Deposita todo ese sufrimiento, el del mundo y el tuyo, en la tumba de Jesús. Haz silencio y ora en silencio ante ese misterio insondable del mal, del dolor, del sufrimiento.

4)Recuerda a María junto a la cruz: ella estuvo en silencio ante su hijo muerto. Ella es maestra de dolor y de esperanza. Pide su intercesión.

5)Pide a Dios fe en la semilla que siempre está en lo más hondo de la tumba. Fe en su germinación. Fe en la vida que Él nos regala siempre.

6)Pregúntate qué tiene que germinar este año en ti para tener más vida, más alegría, y para dar más vida a los demás.



Guillermo Rosas sscc


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