Nadie me quita la vida, yo la doy libremente (Jn 10,18)

Publicada el 10 de Abril del 2020

 “Despojándonos de todo…para encontrarnos con Su amor”

Disponernos…

Busca un lugar tranquilo de tu casa, de tu departamento, en tu pieza...tu rincón…regálate este espacio de oración de encuentro con Jesús, asegúrate de tener tu biblia, una velita, alguna imagen…y haz tu altar; trae las personas que habitan tu corazón este tiempo…

Acoge todas las preocupaciones, incertidumbres que vives personalmente en estos momentos y las que vivimos como pueblo…trae al corazón los movimientos internos y externos vividos estos últimos meses…lo que soñamos en este despertar de Chile, lo que nos va suponiendo y exigiendo este tiempo de cuarentena, las transformaciones que ha ido teniendo nuestra cotidianeidad…démonos este tiempo para hacer pausa…

Invoca al Espíritu Santo, que encienda tu corazón, para coger la Palabra de Dios con novedad. Lee el Evangelio como palabra salvadora de Jesús para ti para todos…

Evangelio de san Juan 19,17- 42

…léelo con reverencia, lentamente, gustándolo…

 Un amor desarmado

Jesús en la cruz no se justifica ni se protege a sí mismo. No tiene nada que defender, porque lo ha entregado todo, y se entrega porque experimenta su ser como un don recibido, no como una posesión.   

Ponte delante de este Jesús, desarmado, entregándolo todo, y pregúntate ¿a qué te sientes agarrado/a, a qué te aferras, qué te quita libertad para sólo entregarte y amar?...una culpa no resuelta?; un ego que te deja solo ensimismado/a?; un rencor enquistado?; una ansiedad no resuelta?...que el mirar a Jesús en la Cruz sea un volver a convencerte que solo ante Él estamos invitados a ponernos de rodillas…porque solo Él nos levanta, Él restaura nuestra dignidad. Jesús nos ama gratuitamente y sacia el anhelo profundo que tenemos de sabernos amados incondicionalmente.

…Deja silencio…

 Con María…para que sean uno   

La presencia de María a los pies de la cruz es algo muy potente, con su modo le está diciendo a Jesús “Yo estoy contigo”; María vive la impotencia, que muchas veces podemos tener, la de no poder hacer nada. Pero su permanecer lo es todo…pues sostener una presencia amorosa en medio del dolor es lo único que sana, alivia…, y ella a los pies de la cruz le dice a Jesús “te amo, estoy aquí para ti”. 

En sus últimas palabras Jesús mira a María y le dice: “Mujer, he aquí a tu hijo”. Mira a Juan y le dice: “He aquí tu madre” (Jn 19, 26-27), en ese momento Jesús entrega a Juan a María y a María le entrega Juan. El último gesto de Jesús es vincularnos,  unirnos unos con otros. Su gran deseo es la unidad, la comunión. Vincularnos es acercar distancias… ¿A quienes quisiera acercarme más…con quienes tengo que acortar distancias?

María es la puerta a través de la cual entró Jesús en el mundo y ella está ahí de nuevo, como la puerta a través de la cual Jesús se adentra en Dios. 

Contempla a Jesús en la cruz,  junto aquellas mujeres que lo miran con amor. Pide la gracia de ponerte al pie de la cruz con María, y con aquellos a los que Jesús me quiere unir, me quiere entregar. Mirar en la cruz a aquel que confía en Dios cuando todo parece gritarle su ausencia.

¿Cómo construye Jesús la unidad? ¿Y yo, como creo comunión?

                     “Pide a Jesús que te de 

                      sus brazos para sostenerte, 

                     sus hombros para llevarte en ellos, 

                     su cruz para apoyarte, 

                     su corazón para descansar en él” 

                                                    Rosa Filipina Duchesne, rscj

…Deja silencio…

 Su Costado herido y abierto

¿Cuáles son los mayores temores que surgen de nuestras heridas? ¿El temor a no ser querida/os, a ser rechazada/os, a ser juzgada/os? ¿El temor a ser criticada/os, a fracasar, a quedarnos sin amigos, a quedarnos sin tareas, a quedarnos vacía/os?

Los miedos son los que nos roban la libertad que Él nos regala. Jesús ha pasado por todos ellos en la cruz para que podamos atravesarlos con Él, y nos dice ante nuestros temores: “Venid a mí. Al no querido, al rechazado, al abandonado de los hombres, al despreciado, al que se vació para llenarlos, para rescatarles de sus temores más profundos”. 

Ir al único que puede amarnos hasta el fondo, el que no va a abandonarnos, el que va hacer fecunda nuestra vida independientemente del éxito o del fracaso. El único que puede abarcar nuestro vacío.

Jesús pasado por todo lo que puede pasar un ser humano, sus heridas nos curan, sus heridas convierten y transforman las nuestras, “no en lugares de murmuración y de desgracia, sino en el espacio a través del cual puede circular su vida”.

Su costado abierto es espacio de acogida para todos y todas; desde que fue traspasado nadie quedó fuera; desde ese costado abierto nos vuelve a decir, y te lo dice personalmente: “Vengan a mí todos los que están cansados y abatidos, porque yo los aliviaré” Mt 11, 25.

A veces nos quedamos creyendo que es el sufrimiento de Jesús el que nos salva, y nos olvidamos que es el amor; a eso estamos llamados a amar.

…Deja silencio…

 En silencio junto al Crucificado

Haz memoria de los distintos momentos de la vida de Jesús. Su modo de bendecir, de curar, de educar, de pasar haciendo el bien... Pide que puedas unirte y conformarte con él ahí en ese gesto de amor sin medida.

Y escucha:

            Nadie me quita la vida,  yo la doy libremente (Jn 10,18)

            Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos (Jn 15,13)

     Nada podrá separarnos del amor de Dios (Rom 8, 39)

…Deja silencio…

 Coloquio

Regálate un momento final de conversación amorosa, con Jesús, un espacio largo de intimidad con Él. Cuéntale lo que has ido masticando este rato, dile lo que habita tu corazón y escucha su palabra de vida, esa palabra nueva que hoy te dice a ti…

SALMO DE GRATITUD (Del salmo 116)

¿Cómo le pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?

Levantaré el cáliz de salvación e invocaré el nombre del Señor.

A los ojos del Señor es muy penoso que mueran sus amigos.

De la muerte, Señor, me has librado, a mí, tu esclavo e hijo de tu esclava.

Te ofreceré con gratitud un sacrificio e invocaré tu nombre.

Cumpliré mis promesas al Señor ante todo su pueblo



María Eugenia Valdes RSCJ