Comentario al Evangelio 26 de enero de 2020

Publicada el 27 de Enero del 2020

Lecturas del Domingo 3º del Tiempo Ordinario

El compromiso con el seguimiento siempre despierta miedos, inseguridades, preguntas. Por ejemplo, recuerdo cuando empecé mi proceso de conversión en la Iglesia Católica ¿seré capaz de asumir este compromiso? ¿Por qué dejar atrás la libertad y la seguridad que parecía tener mi vida sin Dios y sin Iglesia? Creo que algo parecido debieron experimentar estos primeros discípulos cuando el Señor los invitó a dejarlo todo para seguirlo a Él. Es más, como homosexual las inseguridades y cuestionamientos se multiplicaban al asumir que me estaba haciendo parte de una “institución” con la que disentí por tanto tiempo. Ante esta situación, Jesús, como verdadero Hombre que nos comprende, pero también como verdadero Dios cuya palabra es viva y eficaz, nos regala unas buenas certezas para continuar el camino y actualizar nuestro sí. 

I.- En Él hay horizontes infinitos. 

Los llamados en este evangelio son simples pescadores, y digo simples no por la calidad de su trabajo, sino porque su función se agotaba ahí: entrar en las aguas, sacar su producto, comercializarlo y listo. Ese era el horizonte con el que estos hombres hubieran tenido que conformarse de no haber tenido este encuentro decisivo. Del mismo modo, muchas veces intentamos ceñir nuestra pesca a los horizontes que nos regala el mundo: trabajar para ganar plata, cumplir caprichos, vivir una libertad que se basa en la capacidad de consumo, etc. Horizontes que o bien, sucumben ante su fragilidad; o bien, terminan por entristecernos una vez que se agotan. 

Es ahí donde interviene el Señor y nos ofrece no quedar como simples pescadores: sino que del mismo modo en que a estos discípulos los invitó a ser pescadores, pero pescadores de hombres; del mismo modo a nos invita a transformar nuestra vida en algo realmente importante, cuyo último horizonte es el cielo y cuya meta es Él mismo que es todo bien. Esta certeza en el Señor fue lo que bien vivió Teresa de los Andes a quien le robé la expresión para titular este párrafo: “En Él hay horizontes infinitos”. 

II.- Porque el Señor llama desde la realidad

Este ensanchamiento de horizontes no se produce en el aire, atiende una realidad, y por eso el Señor les propone una oferta sobreabundante: el trabajo normal de pescadores puede ser transformado en una pesca de Hombres.  Por eso Mateo con mucha expresividad, señala que ante la invitación de Jesús los discípulos no se pudieron resistirse y con ello dejaron las redes, los botes y hasta sus familiares por seguirlo a Él, porque Él –que es Dios- les dio estos horizontes infinitos como garantía. 

En este sentido, como personas de la diversidad sexual no podemos negar que nuestra situación es compleja en aspectos de integración a la iglesia –nuestra madre-, y que en muchos casos nuestros procesos de conversión pueden parecer tareas titánicas. Pero aquí que debemos recordar siempre estas garantías que nos da el Señor: sus horizontes son infinitos, su yugo es suave y su carga ligera. Aquí vale la pena detenernos y preguntarnos ¿Qué redes me atan y me impiden acceder a los horizontes infinitos que me propone Dios? ¿Quisiera pasarme la vida como un simple pescador que acumula tesoros en la tierra, o ponerme a caminar con las certezas que me ofrece el Señor?

III.- Para un seguimiento comunitario. 

Finalmente, quisiera remarcar que los llamados se hacen en una perspectiva comunitaria: colegas, hermanos, hombres con distintas experiencias terminan en el relato unidos en una frase: “y le siguieron”. Y es de aquí que tenemos el deseo de Jesús de que lo sigamos en comunidad, a imagen y semejanza de su ser divino; y que hoy se expresa en la comunión que guarda toda la iglesia universal, que precisamente nació de estos primeros llamados, no por una iniciativa personal o por el cumplimiento de ciertas condiciones objetivas, sino precisamente por el deseo profundo que emerge desde el Corazón de Jesús. 

 

En conclusión, podemos decir que como personas diversas también estamos llamados a hacer presente el reino de Dios, y a pesar de las aparentes dificultades o inseguridades que puedan sobrevenir, es Él quien sale a nuestro encuentro y que nos garantiza la apertura a nuevos horizontes, a hacer de nuestra realidad algo trascendente, y a contar con buena compañía. 

 

Rodolfo Arteaga Diez

Padis+ Concepción