Comentario al Evangelio 19 de enero de 2020

Publicada el 19 de Enero del 2020

Comentario al Evangelio de Juan

 Jn 1, 29-34 del Domingo 19 de Enero del Tiempo Ordinario


El pasaje de Juan nos habla del otro Juan, El Bautista, quien tuvo la tarea de ser el anunciador, unos versículos que vienen alineados con la lectura del Evangelio del Domingo pasado, que justamente nos narran el Bautismo de Jesús. Hay en todo esto tres aspectos importantes a destacar: Anuncio, Bautismo y Testimonio.

Con relación al primer aspecto, Dios Padre encomienda a Juan Bautista el Anuncio de la llegada del Señor, era él la voz en el desierto que proclamaba esta pronta manifestación. En la actualidad todos somos Anunciadores, llamados a manifestar la presencia del Salvador entre nosotros, pues se quedó en la Sagrada Eucaristía. Anunciadores Bautizados por el Agua, provistos de la Gracia, nuestro Escudo.

En el segundo aspecto, Jesús acude al Jordán para ser Bautizado por Juan, hecho narrado en la lectura del domingo pasado, quien le dice: Soy yo el que necesito que Tú me bautices ¿Y Tú acudes a mí? Jesús le contestó “Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia”. Nuestro Señor, sin titubeos, se deja Bautizar y al salir del agua sucede  la hermosa manifestación del Espíritu Santo que en forma de Paloma desciende sobre Jesús y se escucha la voz del Padre que dice: Este es mi Hijo amado, en quien tengo mis complacencias. Aquí la Santísima Trinidad se manifiesta en el inicio de la vida pública del  Hijo. El Bautismo nos introduce en la vida cristiana, nos otorga la Gracia primera de abrazar a Jesús, luego con la Primera Comunión, nuestra unión se consolida con la Eucaristía y al llegar la Confirmación El Espíritu Santo nos sella a fuego con sus dones,  una trinidad sacramental.

Bautismo, El Escudo;  la Eucaristía, Unión en la Comunión y la Confirmación los Dones, ya no somos solamente anunciadores, somos testimonio vivo de la acción de DIOS y por tanto, contamos con las Gracias según cada carisma y situación. 

Todo lo anterior desemboca en el tercer aspecto, el testimonio, Juan Bautista exclama: Este es el Cordero de Dios, El que quita el pecado del mundo y en otro punto da su testimonio al decir vi al Espíritu Santo descender del Cielo en forma de Paloma y posarse sobre Él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar me dijo: “Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ése es el que ha de Bautizar con el Espíritu Santo”. Pues bien, yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios.

La frase Este es el Cordero de Dios, El que quita el pecado del mundo es clave en todo este asunto, porque El Cordero de Dios, que será llevado a la muerte, es la resurrección y la vida de todos. Vino por cada uno, nos conoce por nombre y apellido y nos ama desde siempre. El Señor sabe de nuestros sueños, alegrías, tristezas, caídas, desilusiones, sabe de tu vida.

En un mundo tan diverso, marcado por la tecnología y la crisis de consciencia, estamos llamados a ser las voces y testimonios que abran los caminos al respeto, la unión, el diálogo fraterno y las manifestaciones del Amor, el Amor en todas sus formas y realidades y lo digo de este modo porque nuestra preferencia no es lo que nos define, es una parte de cada uno, no es nuestra esencia, somos esencialmente humanos y a partir de ahí viene todo lo demás, una humanidad tocada por la Gracia Divina a través de los Sacramentos.

Siendo Cristianos, únicos, irrepetibles y Amados por el Señor, no podemos actuar de cualquier manera, ya no podemos seguir siendo los mismos, nuestra vida ha de ser un canto testimonial sobre el Cordero de Dios, El que quita el pecado del mundo y eso debe conducir, a una vida más consciente y más en Cristo.


Alfonso  Dubuc