Riqueza y Diversidad de la creación de Dios.

Publicada el 11 de Septiembre del 2019

Soy Carmen Luz Güemes Álvarez, chilena, católica, químico, viuda hace más de 20 años, madre de 5 hijxs; Tomás 35, Francisco 33, Carmen Luz 32, José Domingo 27, Juan Manuel 26 y abuela de 3 nietxs; Agustín 9, Vicente 5 y Eloísa 1 año 5 meses. 

Cuando Tomás habló conmigo y me contó acerca de su homosexualidad, fue el día en que aquello que había intuido se convirtió en una verdad que ya no podía negar. Nunca pregunté directamente, pero sí me preguntaba por qué un chiquillo buen mozo, inteligente, codiciado por las mujeres, no pololeaba y tampoco quería ser sacerdote. Tiempo después me di cuenta qué no había preguntado, porque desde mi ignorancia, pensaba que si yo hablaba con él y él estaba en otra, podía meterle ideas en su cabeza, como si la homosexualidad se tratara de ideas en la cabeza. En el fondo, no estaba preparada para preguntar, porque eso implicaba recibir un sí como respuesta, algo que seguramente sin ser consciente, me asustaba. Hasta ese momento, la homosexualidad era algo desconocido para mí, no había estado ni estaba presente en mi vida. Nunca fue algo de lo cual escuché hablar, ni en el colegio, ni en mi familia, ni con mis amigxs. Tampoco era un tema que se conversara abiertamente en nuestra sociedad y menos que desde la Iglesia alguna vez se hiciera mención sobre ella. 

Esa conversación con Tomás la recuerdo en cada detalle, incluso cómo se gestó y la delicadeza y preocupación que él tuvo en todo. Desde hablar primero con sus dos hermanos más grandes y luego de contarles su verdad les dijo que hablaría conmigo después de la Confirmación de José Domingo, porque no quería interferir en la alegría de ese momento familiar, con algo que él suponía me iba a producir dolor. Les pidió a sus hermanos que se preocuparan por mí, que estuvieran atentos porque yo iba a necesitar contención.

Nuestra conversa fue un momento que recuerdo con dolor y alegría. Dolor de reconocer SU dolor y todo lo que había vivido solo y alegría por tener delante de mí a mi hijo, el de siempre, al que amaba desde mi vientre y el que finalmente podría vivir en plenitud, con toda su verdad. Lloramos y nos abrazamos por varios minutos y ese abrazo me habló más que mil palabras, supe que nada había cambiado en mi amor por él, que seguía siendo mi hijo a quien amaba, admiraba y por quién estaba tan orgullosa, así como lo sigo estando hasta el día de hoy.

No tengo claridad ni logro dimensionar todo lo que él sufrió, en su camino de reconocimiento como un joven gay. El bullying que debe haber experimentado en el colegio, sus miedos, sus angustias. Lo vivió solo, como papás no lo acompañamos en su proceso, no supimos, tampoco nos dimos cuenta. El papá de Tomás murió de manera repentina cuando él tenía 14 años y este golpe tan duro y desgarrador para todxs, no me  permitió afinar la mirada, no supe ni pude hacer, más que lo que pude hacer. La vida nos obligó, me obligó, a seguir caminando. El fue tremendamente generoso y misericordioso conmigo, cuando en otro de sus gestos de grandeza en esa conversa madre – hijo me dice, mamá aquí no hay culpables, no hay que buscarlos, esto es así, es lo que yo soy.

Doy gracias a Dios por no haberme quedado pegada en la pena, en la culpa, ni en las preguntas, tampoco en la búsqueda de respuestas. Muy por el contrario, sólo quise que él supiera en ese momento, que mi amor por él seguía siendo el mismo, que su hogar, su familia, su casa, sería su remanso de paz, su lugar seguro, donde él podría ser quién era de verdad, porque intuía que la vida para él sería más difícil que para mis otros hijxs, porque veía a esas alturas, que como sociedad no estábamos preparados para acoger lo distinto.

Surgen los miedos a lo desconocido y el arraigo a una cultura conservadora nos juega una mala pasada. Complica presentarse ante los tuyxs (familia extendida, amigxs, conocidxs) con toda la verdad. Ya no te es indiferente cuando en algún círculo social alguien se expresa mal de los homosexuales, o son sujeto de burlas y exclusiones. Tampoco pasa a ser indiferente cuando la Iglesia a través de la jerarquía o algún sacerdote se expresa mal desde el púlpito, o bien, se abstiene de decir o hacer lo que corresponde ante tanta situación injusta que conocemos, porque no es conveniente y puede traerte más de algún problema. O cuando nadie se atreve a levantar la voz, ni uno mismo. Ya no se trata de los homosexuales, ahora se trata de mi hijo!! 

Hay un tiempo de silencio, todo te remece interiormente, hasta que poco a poco vas nuevamente encontrando las confianzas, vuelves a ser tu mismx y en mi caso personal, lo incorporo a mi vida, orgullosa y feliz.

Al poco tiempo, Tomás quiso compartirlo también con sus hermanos menores. Nos pidió que estuviéramos todxs, su familia, los mismos de siempre, pero ahora sólo con la verdad, con SU verdad por delante. Para mi como mamá ese día fue fundamental. Escuché en silencio y fui viendo como sus hermanos se paraban del sillón, lo abrazaban, le decían que se alegraban por él, que ahora iba a poder ser feliz, así como también, el llanto del menor afloró y en ese llanto hubo liberación de una verdad escondida, que él había descubierto en una lectura de una conversación que había quedado abierta en el computador de la casa que todos compartían. Puro regalo e inmensa alegría para mi, al ver la acogida, el cariño, el abrazo fraternal, incondicional y cómplice, lágrimas que se transformaban en risas y estábamos los Ojeda Güemes, los mismos de siempre y supe que todo iba a estar bien

En este camino como familia, no todo fue fácil, el camino lo hicimos todxs y cada cual lo hizo y se fue aproximando a lo que significaba ser una familia diversa de diferentes maneras y de acuerdo a su propio proceso personal y a la etapa de vida que estaba viviendo. Pero lo hicimos juntxs y Tomás nos ayudó mucho, especialmente cuando naturalizaba situaciones cotidianas de nuestra vida familiar. La salida del clóset de un hijx implica luego la salida del clóset de cada uno de los miembros de la familia, con la familia extendida, con los amigxs y círculo cercano de cada unx, hay un canino que hay que hacer. Involucra saber esperar los tiempos de cada unx, respetarnos, confiar en el otrx, querer hacer el proceso y todxs quisimos hacerlo. Eso fue un tremendo regalo!!

Mi hijo Tomás era cevequeano activo en esa época y junto a un amigo, llegaron un día a la oficina de Pedro Labrin sj, recién nombrado asesor eclesiástico nacional de la CVX en Chile (2009). Golpearon su puerta y se presentaron como cevequeanos gays que iban a preguntarle si CVX ¿sería un espacio donde se usarían las formulaciones de la doctrina católica para agredir a los homosexuales y fomentar la homofobia en la Iglesia?, junto con compartir el deseo de querer convocar a otros hombres y mujeres con orientaciones sexuales e identidades de género diversas, que desearan reencontrarse con sus espiritualidades en un espacio de Iglesia público y a la vez protegido. Cada uno internamente, se resistía a tener que aceptar la represión de su sexualidad como único camino espiritual virtuoso, por el hecho de ser homosexuales. Tenía que haber un punto de comunión entre lo que ellos eran en lo más íntimo y el proyecto de Dios en sus vidas, que no puede separarse del propio modo de amar.

Así nació la Pastoral de la Diversidad Sexual (Padis+), reconociendo la inspiración del Espíritu en muchas llamadas, que a pesar de tener diferentes protagonistas, evidenciaron a partir del año 2009 una inequívoca convergencia al interior de la CVX. Hoy, a 10 años distancia, no se debilita en nosotros el sentimiento de admiración, por la salud espiritual de CVX, una comunidad oficialmente católica, que en el apoyo a Padis+ reflejó y refleja, su disposición profética para discernir la voluntad de Dios en nuestros días y el coraje para acogerla llevándola a la práctica. 

La invitación a participar del Grupo de Padres de la Padis+ el año 2012, fue un regalo que acogí feliz. El grupo me permitió unirme desde el primer momento en solidaridad de destinos con otras familias. Aquí descubrí una nueva misión en mi vida que me comprometía más allá de mi situación particular. Me sentí en familia, reconocí el amor fraternal en todxs aquellxs que permitieron que este espacio de encuentro se fuera consolidando. 

Desde la Padis+ y con la Padis+, levanto la voz por los que han tenido que recorrer un camino mucho más doloroso que el nuestro, por tantas familias que sufren en silencio y no saben cómo acompañar a sus hijxs, por tantos hijxs, que han sido excluidos con dolor de sus familias, por tantos hombres y mujeres que viven en la oscuridad, porque nosotros como sociedad no hemos sabido acogerlxs, porque nosotros como Iglesia los hemos maltratadx, porque nadie les puede quitar su ciudadanía como hijxs bautizadxs, amadox y predilectxs de Dios, porque Él nos quiere a todxs sentadxs en la misma mesa, compartiendo y celebrando. Lo hago por todxs los que no lograron estar, lo hago por mis nietxs, porque quiero que ellxs puedan vivir en un mundo mejor, donde todxs nos reconozcamos hijxs del mismo Padre común y donde todxs puedan ser lo que están llamadxs a ser en plenitud.

No quisiera terminar sin referirme a algo relevante que me preocupa e indigna respecto de cómo nuestra Iglesia y su jerarquía, enfrenta la crisis eclesial que estamos viviendo. 

Los esfuerzos e intenciones permanentes de ciertos sectores de nuestra Iglesia y su jerarquía de responsabilizar y culpabilizar a la homosexualidad de los abusos sexuales y abusos de poder dentro de la Iglesia, me parece inaceptable. Muchas veces se utiliza la homosexualidad como chivo expiatorio, para no hacerse cargo de los problemas de orden estructural y de abuso de poder que hay al interior de la Institución. Más bien, se entiende el abuso sólo como un problema de comportamientos desviados que focalizan el problema en individuos, en este caso sacerdotes homosexuales, que se han desviado de su vocación, en vez de hacerse cargo del problema de fondo. De esta manera, se instala en la opinión pública y en el mundo católico, la asociación homosexualidad – pedofilia, homosexualidad – abusos, homosexualidad – daño, homosexualidad – temor y esto hay que erradicarlo en forma categórica.


Carmen   Luz   Güemes

Integrante   de   Padis+   Padres.


Pueden revisar   el   testimonio en   gallego   presionanado   AQUI